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Una de las visitas más interesantes que hemos tenido en estos cuatro años ha sido la de Ricardo Talento, uno de los impulsores del Circuito Cultural Barracas (por el barrio de Capital), un proyecto artístico comunitario que promueve, a través del arte, procesos de transformación social para la construcción de ciudadanía, promoción de la equidad y búsqueda de la inclusión social. En el lugar 250 vecinos crean y producen de manera colectiva espectáculos e intervenciones teatrales con un claro mensaje comprometido con la realidad que nos toca vivir.

El tipo, además de ser un genio y un sabio, es un gran optimista (lo cual es una combinación media rara) y nos trajo a nuestras mentes mil ejemplos prácticos de cómo funcionan nuestros proyectos sociales, la organización interna, de cómo el arte está en todo, de cómo la gente cambia al participar, y descorchó enorme cantidad ideas creativas. Un movilizador.

En un momento hablaba de cómo era la organización interna del enorme grupo de “actores-vecinos” que llevaba adelante la obra “El casamiento de Mirko y Anita” (una obra donde el espectador en realidad es un invitado más a un casamiento donde metafóricamente se ve una radiografía social de la argentina, donde se come, se baila y todo lo demás); porque sabrán que, para llevar adelante un hecho creativo-artístico, también hay que coordinar mil tareas de organización que a veces poco tienen que ver con “lo artístico” en sí (cómo poner la escenografía, o limpiar cuando termina). Pero del resultado final SÍ son todos responsables, y también de la onda imperante en el durante de todo el proceso, porque de nada serviría llevar adelante una obra sensacional si todos los actores tienen diferencias irreconciliables entre ellos. Imagínense el convencimiento y la alegría que debe haber en un grupo para aguantar la repetición periódica de una obra con muchos actores-vecinos “a voluntad” (mucha responsabilidad de cada uno en la función que le toque) para no caer en una rutina fría que, en definitiva, desaliente a quienes participan sólo por satisfacción y compromiso y no por una remuneración monetaria.

Nosotros, en el Club Deportivo Barracas, también tenemos nuestro “Casamiento de MIrko y Anita”. Se trata de “Las empanadas de los viernes”… esa actividad que junta voluntariamente a más de 25 personas viernes a viernes para recaudar fondos, pero que está llena de trabajo manual, de saberes caseros y de magia. La actividad nació en el 2004, propuesta por las mamás de los chicos que jugaban al fútbol en las divisiones formativas, cómo una forma de conseguir los recursos para cambiarle la cara al club; y se ha realizado religosamente durante estos cuatro años. Y más allá del clásico producto que hoy por hoy identifica al Club, está el gran grupo que se ha formado (que recibe gente nueva año a año) y el espíritu fantástico que ronda toda la actividad.

Comentarios (0) Escrito por Diego el lunes, octubre 29th, 2007