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El sábado 8 de diciembre (2007) el Club Deportivo Barracas de General La Madrid coronó una noche mágica, por la que venía trabajando hace casi un año: el festejo de su aniversario número 43 y el cierre de un año espectacular, con una jornada a pura música y el broche de oro que incluía la presentación del “Chaqueño” Palavecino.
El show convocó a casi 5.000 personas, en un pueblo de 10.000; pero lo más interesante pasó por la organización del mismo, llevada adelante íntegramente por voluntarios y la gente del proyecto, sin intermediarios, con el único fin de regalarnos una gran gran gran fiesta y que, además, las ganancias se vuelquen en su totalidad en más beneficios dentro de una Institución que no cobra cuotas societarias ni cánones en sus actividades, un nuevo Club “Social”, donde los deportes y las artes sean excusas para re-unirnos. Esa noche había un grupo de trabajo de 120 personas absolutamente coordinadas: prevención, salud, atención de cantinas, los chicos de fútbol y las chicas de hockey juntando la basura, atención de los artistas, etc. Y antes de eso hubo gente laburando a destajo por semanas, personas que se tomaron vacaciones en sus trabajos para destinarlas al Club y a un evento de connotaciones gigantescas. Y todo salió IMPRESIONANTE. “Una noche de duendes”, cómo repitió más de una vez el locutor oficial.

Todo arrancó a las 17:30 hs., cuando se abrieron las puertas del estadio, un predio absolutamente trabajado para el evento: controlado por las autoridades en la materia, con cartelería e indicaciones en todos lados, accesos para todos, salidas de emergencia, policía, control urbano, bomberos, enfermeros, ambulancias, médicos, numerosos baños químicos, nueva iluminación de los accesos y del campo de juego.
No hubo sector de nuestra Comunidad que no colaborara de una u otra manera en esta puesta a punto que costó mucho pero dejó a la Institución con más y mejor infraestructura (la luz del estadio va a servir, por ejemplo, para los entrenamientos de los chicos más grandes del fútbol, que en invierno se quedaban a oscuras a poco de arrancar… le decían “los murciélagos”, por lo bien que jugaban sin ver-).

Y el Club también fue generoso con su fiesta: una de las cantinas más importantes, a de la carne asada, la manejó la escuela del barrio, el estacionamiento era a beneficio de los bomberos de La Colina, todos los pibes que concurren al club (fútbol, hockey, murga, rugby) tenían entrada libre, al igual que los chicos de la escuela del barrio y todos los menores de 11 años. Promediando la actuación final del Chaqueño Palavecino se abrieron las puertas y si faltaba alguien pudo ingresar sin ningún problema.

Desde el inicio fue una postal repetida ver afluir al barrio Chino, nuestro barrio “atrás de la vía”, la caravana de gente (que no cesó en ningún momento) enfilando para el Club con su silla de plástico a cuestas o su reposera, con su equipo de mate y con gran alegría, con mucha buena onda… Conmovedor.
Sobre las 19:30 tocaron el Chango Pérez y Alborada, intérpretes locales de gran calidad artística, para luego dar lugar a Mónica Abraham, la hermosa folclorista mendocina que desde hace años está radicada en La Plata. Se continuó entonces con el homenaje a dos dirigentes históricos de la Institución (modalidad que venimos repitiendo en cada evento que organizamos) y se destacó la labor de un proyecto amigo: la Asociación Atlética “Fé y Confianza” de La Colina, que tiene a Néstor Chaparro como responsable y con el que venimos conociéndonos desde hace tiempo y trabajando en conjunto. Luego vinieron las palabras de uno de los integrantes de la Comisión Directiva, agradeciendo a la Comunidad toda por esa noche mágica (y misteriosa) y por el crecimiento impresionante del Club de la mano de muchísimos voluntarios y padrinos que ponen su tiempo y granito de arena para levantar un Proyecto que entrelaza todos los sectores y todas las personas de buena voluntad; para emitirse luego en pantalla gigante un emotivo video de 20 minutos con imágenes del club antes y ahora, del barrio, los vecinos, los que apoyan, los chicos, los que trabajan, las obras, y todas las actividades.

Luego lo dicho: la presencia y el arranque furioso del Chaqueño Palavecino que hizo olvidar el frío que imponía la noche, revolear de miles de pulóveres… energía para dar y repartir…. un público extasiado con la presencia tan cercana de un gran showman en su mejor momento. Hermoso.
Una noche que cerró con fuegos artificiales y un gran suspiro de alivio, alguna lágrima de emoción y muchas sonrisas firmes de felicidad de todos aquellos quienes hace un año habían imaginado semejante festichola (una locura en los papeles) y por la que se había trabajado tan a conciencia. Imborrable. Un recuerdo más de los tantos que nos regala el Club, nuestro Proyecto, día a día.

La película argentina “Luna de Avellaneda” (si no la miraron tienen que salir corriendo a alquilarla) comienza con la historia de un club en su mejor etapa, con Alberto Castillo cantando “Siga el baile” y gente en todos lados, bailando, jugando en la kermés, feliz, compartiendo un momento de COMUNIDAD… luego viene la debacle que han sufrido muchísimos clubes de barrio a lo largo de las últimas décadas en nuestro bendito país.
Y nosotros empeñados en seguir usando la metáfora en sentido contrario, frenando los relojes y retrocediendo el tiempo a épocas cómo las del comienzo de la peli, con un mar de gente en un Club, siendo una COMUNIDAD, no con los tamboriles de Castillo -lamentablemente-, no con profesionales de los eventos que cobran para montar un espectáculo esterilizado desde el compromiso social -graciaDios-, con esos violines del Chaqueño que ponen la piel de gallina, con el deseo irrefrenable de la gente de ponerse de acuerdo y hacer cosas imposibles, con un pueblo -General La Madrid- lleno de alegría y agradecimiento… Todo en un Club, un lugar-común, que no se cansa de seguir sorprendiendo a propios y extraños.

Comentarios (2) Escrito por Diego el lunes, diciembre 10th, 2007