Guardado en

Hay un par de cosas para destacar del “Proyecto Barracas” iniciado en el 2004: 1) la construcción impresionante en todo sentido: desde entramados de cal y cemento hasta redes de relaciones y trabajo en conjunto, y 2) el consecuente cambio de cara de la institución desde lo edilicio y por ende desde lo participativo en cantidad de chicos, jóvenes y adultos.
Las tremendas necesidades que teníamos nos hicieron crear una formulita basada en el TRABAJO DE TODOS para cambiar las cosas: “SUEÑOS + CONSTANCIA: son una poderosa combinación” decíamos. Y hemos cumplido. Pasen y vean… sorpréndanse de todo lo que se puede cuando la gente se pone de acuerdo…

En los albores del 2004 lo que hoy es el Salón de Usos Múltiples sobre la entrada del Club no era ni siquiera un proyecto. Había una sóla construcción con varias dependencias: Una pequeña secretaría donde hoy funciona la sala de espera de la Salita de Atención Primaria de la Salud, dos vestuarios relativamente amplios pero en muy mal estado y algunos compartimentos más, incluyendo un par de bañitos no recomendables.
Una de las primeras medidas que se tomó fue la de detener unas persistentes goteras sobre el vestuario local, que estaban dañando un cielorraso de machimbre en muy buen estado (que todavía permanece pintado de blanco). La sorpresa fue que, cuando se intentó hacerlo, se descubrió que no había forma de ponerle membrana a un techo de chapa que ya no daba más. Todos los que estuvieron en ese momento podrían explicar esa sensación de impotencia que se siente cuando no se tienen los recursos y la tarea no permite que las mejoras se hagan de a poco, de acuerdo a las posibilidades.

La estructura estaba colapsada: los niveles, los pisos, los techos, la instalación eléctrica, la de agua, la pintura, las goteras, el olor a encierro [un persistente olor a león], las aberturas que se rompían a cada instante, etc. etc. Era la época en la que las Entidades se inmovilizaban y temían ante la sóla mención de la “responsabilidad civil” de cada cosa, más en una Entidad como la nuestra, que, al no tener en ese momento Personería Jurídica, hacía responsables con sus bienes a todos los que formaran parte de la Comisión. Pero así y todo hubo un grupo de personas que emprendió el desafío de la reconstrucción, y, en el desastre inicial y la sensación de frustración ante tanta cosa que faltaba hacer (y tantos peligros acechando), encontró la fórmula: involucrar fuertemente a todos los que de una manera u otra formaban parte de la Entidad. El primer impulso fue compartir con los padres de los chicos que asistían al Club esta sensación, y mostrarles como estábamos de mal, y que no íbamos a inclinarnos por la opción de cerrar el portón del Club (en esa época una tranquera) con un candado.
Y fue entonces cuando los padres decidieron ser parte de la reconstrucción ferviertemente: las madres se organizaron para hacer empanadas todos los viernes y recaudar fondos, otro manejaba un ballet de folclore, y uno trabajaba en el campo y podía conseguir un cordero y pedir alguno más, y así se encaró la realización de una Cena Show para recaudar fondos -con la que se compraron todos los blocks del SUM-, y los padres -con el Turco Cobatti a la cabeza- se comprometieron a construir los sábados “a voluntad”. Y lo hicieron por un par de años… hasta que terminaron.


Hoy hay: Una sala de atención primaria de la salud con sala de espera, dos consultorios, un baño totalmente azulejado y una cocinita, dos vestuarios impecables, baños azulejados (los de los vestuarios con duchas y agua caliente), techos con toda la chapa nueva, instalaciones de electricidad y agua totalmente cambiadas. Un Salón de Usos Múltiples, construido con trabajo “a voluntad” sábado a sábado, ahora con una cocina impresionante y baños hermosos, una obra que en total nos llevó cinco años. Un predio de una hectárea que ahora tendrá dos canchas de grandes dimensiones para hacer todos los entrenamientos. Una estructura de quince por diez metros que sirve como escenario los días del evento. Y mil detalles más: nueva instalación eléctrica, de agua (no teníamos agua corriente), gas (conexión a la red después de años de gestiones), riego, iluminación, parquización…

Las innumerables mejoras comenzadas en toda la estructura de la institución llevaron mucho más tiempo de lo pensado en un primer momento. Tal es así que sobre comienzos del 2005 se desarmaron los laterales de la cancha de fútbol para construir unas filas de block, poner nuevos postes de cemento y de esa manera elevar el alambre olímpico, pensando que en el término de un campeonato (seis meses como máximo) todo estaría solucionado… y se finalizó dos años después. En la mitad de ese tiempo se le impuso a todos los Clubes de fútbol de la Provincia de Buenos Aires fuertes medidas de seguridad en cuanto a los espectáculos deportivos (separación de hinchadas, entradas diferentes, alambres de púa encima de los alambres olímpicos, etc.) lo que nos demoró mucho más aún, pero justificó todo lo que se había hecho hasta ese entonces.

El Proyecto de Barracas tiene una gran riqueza:
el trabajo «a voluntad», una frase que es carne en el Club (puesta de moda por gente como el Turco Cobatti y José Rastelli entre tantos otros). El trabajo «ad-honorem». Por cada ladrillo donado o material acercado nosotros le hemos agregado la misma cantidad de valor en trabajo. He ahí una de las grandes claves del crecimiento infernal de la Entidad de atrás de la vía.

* El primer ejemplo contundente de que eramos capaces de concretar todo lo que nos propusieramos en el Club fue la culminación de nuestro gran orgullo: el Salón de Usos Múltiples de 15×8 que lleva el nombre de «Daniel Cobatti y Américo Islas». Tantas veces se imaginó INTERMINABLE que la adversidad templó el espíritu de todos y la llegada fue un gran empujón anímico. Llevó más de dos años y medio finalizar la construcción, con mano de obra «a voluntad», pero hoy es una hermosa realidad donde se incuban sueños, se tejen amistades y se planifican obras monumentales: la biblioteca, la sala de computación, el lugar donde se toma la merienda, la sala de reuniones, y un punto de encuentro para todos. Quienes compartimos esas jornadas sabemos lo fácil que se cambian las cosas cuando se deja la retórica circular por la práctica tajante.

Graficar el “paso a paso” de la recuperación de esa estructura sería muy largo de explicar. Todo llevó mucho tiempo (mucho más del que se programa), pero es muy gratificante observar el cambio. Lo invitamos entoces a jugar “el juego de las siete diferencias” con imágenes que muestran como estaba el Club en el 2004, o el inicio de las construcciones y la realidad que son hoy [son dos comparaciones diferentes por línea]. Para nosotros, que le hemos puesto tanto, es un viaje lleno de nostalgia y satisfacción…

Comentarios (0) Escrito por Diego el 31 May